El otro día, estuve pensando que me hace feliz, pensé y pensé, por corto tiempo muchas ideas vinieron a mi mente, de pronto mi vista que parecía descansar, fue interrumpida por los gritos y carcajadas de mi hijo el menor que tiene apenas dos años, lo mire por largo rato, y vi cada uno de sus gestos, su mirada, su sonrisa, al instante me hizo feliz, muy feliz.
Luego algo me alarmo, porque vi detrás de Gabriel (mi hijo el menor ) a Carlos mi hijo el mayor, que tiene doce años, también lo mire, pero por mas largo tiempo, y extrañe de el un abrazo, de esos que me daba antes que empezara la etapa de la adolescencia, abrazos que la mayoría de veces fueron correspondidos y que quizás algunas veces los deje pasar, y que ahora los extraño, entonces para consolarme, pensé que solo seria una etapa pasajera y que luego volvería como un bebe a mis brazos.
Pasaron unos días, salimos a relajarnos en familia, fue a un centro de juegos mecánicos, subimos a varios juegos, pero el mejor de todos, fue el ultimo, al que Carlitos y yo subimos, el juego era el "Huracán", nos ubicamos en la parte de atrás de uno de los seis carritos que estaban sujetos a una columna, estos empezaron a girar en torno a la columna, primero fue suave luego acelero la velocidad, y peor aun empezó a elevarse, agarrábamos con fuerza el asiento a pesar de estar sujetos al el, entonces empezó lo que había estado esperando, Carlos agacho su cabeza bajo mi brazo, sentí que debía protegerlo, no lo pensé dos veces, aproveche el momento y lo abracé todo el poco tiempo que faltaba para el final del juego.
Salí contenta y ahora no pierdo oportunidad de encontrar algún momento para volver a abrazar y engreír a mi bebe grande.


