
Categorizamos desde niños aprendemos a ver las diferencias y semejanzas, y así podemos llegar a excluir o marginar. Eso es discriminación, que hoy sufren muchas personas y debería ser una lucha en común que quede impune en el Perú.
Lucha que muchas veces se deja de lado, por las múltiples barreras que impiden la rapidez para poder hacer valer nuestros derechos humanos.
A pesar de haberse dado importantes avances en materia formal, por ejemplo, con la aprobación de la Ley de Igualdad de Oportunidades entre Hombres y Mujeres, aún estos no se traducen en la realidad.
Una de las barreras es que la victima de discriminación debe pagar una tasa, lo cual disuade a muchas personas de denunciar.
Un segundo problema es la prueba de discriminación que recae en la víctima, y es bastante improbable que alguien acuda a un lugar con una cámara fotográfica o una filmadora previendo que será discriminado. Entonces es obligación de Indecopi realizar una investigación sobre los hechos.
El tercer problema cuando se sanciona económicamente a un local por sus prácticas excluyentes, la víctima no recibe ninguna indemnización, salvo que comience un proceso judicial.
El desprecio por la raza o la condición económica no es el único problema, otro es el rechazo a las personas que viven con el VIH, la pérdida de oportunidades que sufren las personas con discapacidad u orientación sexual diferente o el desprecio a las empleadas del hogar son también expresiones de discriminación. Estas últimas reúnen varias características que las vuelven vulnerables: son mujeres, desempeñan un trabajo mal valorado, son a menudo de origen andino y de bajo nivel educativo.
Lucha que muchas veces se deja de lado, por las múltiples barreras que impiden la rapidez para poder hacer valer nuestros derechos humanos.
A pesar de haberse dado importantes avances en materia formal, por ejemplo, con la aprobación de la Ley de Igualdad de Oportunidades entre Hombres y Mujeres, aún estos no se traducen en la realidad.
Una de las barreras es que la victima de discriminación debe pagar una tasa, lo cual disuade a muchas personas de denunciar.
Un segundo problema es la prueba de discriminación que recae en la víctima, y es bastante improbable que alguien acuda a un lugar con una cámara fotográfica o una filmadora previendo que será discriminado. Entonces es obligación de Indecopi realizar una investigación sobre los hechos.
El tercer problema cuando se sanciona económicamente a un local por sus prácticas excluyentes, la víctima no recibe ninguna indemnización, salvo que comience un proceso judicial.
El desprecio por la raza o la condición económica no es el único problema, otro es el rechazo a las personas que viven con el VIH, la pérdida de oportunidades que sufren las personas con discapacidad u orientación sexual diferente o el desprecio a las empleadas del hogar son también expresiones de discriminación. Estas últimas reúnen varias características que las vuelven vulnerables: son mujeres, desempeñan un trabajo mal valorado, son a menudo de origen andino y de bajo nivel educativo.
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